Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado. El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano. Herodías aborrecía a Juan y quería matarlo, pero no podía, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo defendía. La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea. La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo daré». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino». Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?». La madre le contestó: «La cabeza de Juan el Bautista». Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista». El rey se puso muy triste; pero por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó a uno de su guardia que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.
PISTAS PARA LA MEDITACIÓN:
El Evangelio de hoy nos presenta la dramática muerte de Juan el Bautista, muere por ser fiel a los mandamientos de Dios, no fue por enfermedad, ni por la debilidad de la ancianidad, ni de accidente, fue por ser defensor y testigo de la verdad, no cede ante lo políticamente correcto, no dicen lo que la inmensa mayoría le gustaría escuchar, no se amilana ante los poderes de su tiempo. “Así, al no callar la verdad, murió por Cristo, que es la Verdad. Precisamente por el amor a la verdad no admitió componendas y no tuvo miedo de dirigir palabras fuertes a quien había perdido el camino de Dios.” (Benedicto XVI, A.G. 29/08/2012)
Os invito a unirnos a la petición realizada por el P. Francisco en la homilia del 24 junio del 2013: “Pidamos la gracia de imitar a Juan, sin ideas propias, sin un Evangelio tomado como propiedad, sino solamente una Iglesia-voz que señala la Palabra, y esto hasta el martirio”.